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lunes, 30 de julio de 2012

LA DISGRAFÍA


Mª Ángeles Giménez Rodríguez
licenciada en pedagogía
CDIAT avanza

 ¿QUE ES LA DISGRAFÍA?
El trastorno del aprendizaje de la escritura, conocido también como disgrafía, es una dificultad específica para aprender el grafismo correcto de las letras  y para escribir en formal legible y  en la ubicación en el espacio gráfico.
Podíamos hablar de dos tipos de disgrafía:

Disgrafía motriz:
Se trata de trastornos psicomotores. El niño disgráfico motor comprende la relación entre sonidos  escuchados, y que el mismo pronuncia y la representación grafica de estos sonidos, pero encuentra dificultades en la escritura como consecuencia de una motricidad deficiente.
Se manifiesta en lentitud, movimientos gráficos disociados, signos gráficos indiferenciados, manejo incorrecto del lápiz y postura inadecuada al escribir.

Disgrafía especifica:
Es la dificultad para reproducir  las letras o palabras no responden a un trastorno exclusivamente motor, sino a la mala percepción  de las formas, a la desorientación espacial y temporal, a los trastornos  de ritmo, etc.
La práctica pedagógica  nos muestra que habitualmente las dificultades que presentan los niños con disgrafía, no sólo se remiten a un problema de motricidad (que tengan “mala letra” o no sepan representar las letras). Generalmente se asocian también a problemas en el contenido de lo escrito. Es decir que lo narrado tenga una coherencia, que sean frases gramaticalmente correctas, con una buena estructuración cronológica…
Se diagnostica generalmente dentro del aula, ya que es el profesor el que puede captar las dificultades que presenta el alumno/a en el proceso escritor. Para el establecimiento del diagnóstico de la digrafía es necesario tener en cuenta el factor edad, dado que este trastorno no empieza a manifestarse hasta después de haber iniciado el período de aprendizaje (después de los 6-7 años). No es adecuado el diagnóstico si se realiza antes de la edad indicada, ya que el aprendizaje no se ha afianzado y  podría inducirnos a error.

 Hay siempre que evaluar los siguientes aspectos: 
Exactitud ortográfica.
Grafismo.
Expresión escrita.
Factores ambientales: familia y escuela.
Capacidad intelectual.
Estilo de aprendizaje.
Actitud y motivación.

Intervención en los procesos de la escritura.
El  tratamiento tiene por objetivo, por un lado, recuperar la coordinación global y manual; rehabilitar la percepción y atención gráfica; educar y corregir la ejecución de los movimientos básicos que intervienen en la escritura (rectilíneos, bucles, ondulados) así como tener en cuenta conceptos tales como: presión, frenado, fluidez, etc., mejorar la ejecución de cada una de las letras; mejorar la fluidez escritora; corregir la postura  del cuerpo, dedos, la mano y el brazo, y cuidar la posición del papel.  

La intervención se ha centrado durante mucho tiempo en los errores ortográficos y en la legibilidad del grafismo, pero hay que atender también a otros procesos como la planificación de las ideas y a mejorar la estructura sintáctica de las oraciones y la elección del léxico mas apropiado.
En definitiva, el lenguaje escrito es un proceso complejo y elaborado, fruto de muchos factores e imprescindible para alcanzar los niveles de desarrollo general propios del ser humano en las sociedades de hoy. La vida actual exige un completo dominio de la escritura. Desde aprender cualquier oficio, a cumplimentar impresos, plasmar la opinión por escrito o elaborar un informe. Esto es, escribir quiere decir, ser capaz de expresar información de forma coherente y correcta para que lo entiendan otras personas.
Para nuestros alumnos es también una exigencia en el ámbito escolar que posibilita su éxito o fracaso académico, al ser la llave y principal herramienta para la comprensión y expresión de los contenidos de las distintas materias curriculares. Al alumno se le exige plasmar sus conocimientos mediante lo escrito a través de trabajos, exámenes,…De ahí la importancia en optimizar la adquisición del aprendizaje del lenguaje escrito e intentar resolver las dificultades que se puedan presentar.


ESTIMULACIÓN DEL DESARROLLO MOTOR DE 0-6 MESES



 Concepción Martínez Robles.
Fisioterapeuta 
CDIAT “Avanza” 

            Desde el nacimiento el bebé experimenta multitud de estímulos que le ayudarán a desarrollar su sistema nervioso. Es importante que desde sus primeros días de vida le ayudemos a tener buenos estímulos que le hagan aprender y le ayuden a evolucionar positivamente, para que así realice un correcto desarrollo en todos los niveles de aprendizaje. En este artículo nos centraremos en el desarrollo motor.

·        El bebé de 0-1 mes:
            Este primer mes de vida se caracteriza por la presencia de reflejos que, en su mayoría, irán desapareciendo poco a poco. El bebé realizará pequeños movimientos de pies, manos y cabeza, que irá controlando progresivamente. Podemos estimularle durante los primeros días acariciando toda su piel, haciéndole pequeños, suaves y lentos movimientos de piernas y brazos, cambiando el brazo con el que lo tomamos alternando derecha e izquierda… Al final del primer mes podemos ayudarle a empezar a controlar su cabeza de la siguiente manera:
a) Acuéstate boca arriba y coloca al bebé, boca abajo, sobe ti. Llámale la atención para que te busque y cuando te mire sonríele y dile cosas.
b) Coloca al bebé boca abajo, con los brazos ligeramente flexionados bajo su pecho y llámale la atención par que levante su cabeza. Es importante que le muestres tu alegría cuando lo logra.
c) Coloca tu cara cerca del bebé, cáptale la atención y ve moviéndote para que él siga tu movimiento. Esto puede hacerse en cualquier posición en la que se encuentre el bebé.
·        El bebé de 1-2 meses:
            En esta etapa el bebé puede hacer un poco más de movimientos de sus pies, manos y cabeza. Para su estímulo seguiremos con lo propuesto para el mes anterior y aprovecharemos también los tiempos en que está tomado:
a) Toma al bebé en posición vertical, sujetándole la espalda y si es necesario un poquito la cabeza. Muéstrale objetos o háblale cambiando tu posición de la cara (o el objeto) respecto  a él, y que él te siga.
b) Toma al bebé en posición vertical sujetándole la espalda y un poquito la cabeza. Llámale la atención y ve quitándole el apoyo de la cabeza. Cuando consiga mantener la cabeza estable en vertical puedes estimularlo haciendo lo mismo pero en planos un poquito inclinados.

·        El bebé de 2-3 meses:
            El bebé va tomando más protagonismo en sus movimientos. Empieza a patalear, mover sus piernas y brazos e intentará cambiar de posición, especialmente si le pones de lado. Sigue trabajando lo anterior y añade nuevas cosas:
a)  Acostado boca abajo, con los brazos semiflexionados bajo su pecho llámale la atención para que levante la cabeza y la mantenga así unos segundos. También puedes ir cambiando de posición de un lado a otro para que él te siga y gire la cabeza.
b) Acostado lateralmente, muévele despacito hacia delante y hacia atrás esperando su respuesta. Podemos intentar que se ponga boca arriba  sujetándole desde las manos y girándole suavemente  hacia atrás.
c) Estando boca arriba muévele sus piernas jugando a hacer flexiones y extensiones de rodilla (como en bicicleta). También puedes colocar un sonajero a los pies de forma que el bebé, de forma casual, al mover las piernas y  los pies escuche el sonajero y esto le ayude a realizar esta acción con más frecuencia.

·        El bebé de 3-4meses:
             A los 4 meses el control de la cabeza aun será mejor de manera que las experimentaciones con sus manos, piernas y cuerpo aumentarán. Comenzará a sujetar objetos, esto nos servirá de ayuda para estimularle el movimiento. Parte de lo trabajado en el mes anterior y añade lo siguiente:
a) Acuesta al bebé de lado. Muéstrale juguetes para que los coja o bien llámale con la intención de que se gire y quede acostado sobre su barriga. Al inicio puedes ayudarle a hacerlo. Repítelo estando acostado sobre el otro lado.
b) Estando el bebé de costado, incítale a darse la vuelta hacia boca arriba motivándole con juguetes de goma o juguetes de luces y sonidos y hablándole. Repítelo con el otro costado.
c) Estando boca abajo puedes ofrecerle objetos y llamar su atención por delante, superando la altura de su cabeza. El bebé empezará a enderezar la cabeza y el tronco, empezando a hacer apoyo sobre sus brazos. Podrá girar la cabeza hacia los lados.
d) Boca arriba hará pataleos en contra de la gravedad, puedes colocar un sonajero móvil (carrusel) de forma que cuando levante un poco las piernas haga moverse el móvil, y esto le estimule. También puedes estimular el movimiento de sus piernas al cambiarle el pañal: mueve sus piernas “pedaleando”, de forma alternativa o durante el baño chapoteando en el agua con las piernas.

·        El bebé de 4-5 meses:
            Hacia los 5 meses el bebé podrá empezar a estirar sus dos brazos hacia delante comenzando a soportar el peso de su espalda. Podrá pasar de lado a boca arriba o boca abajo por sí mismo e incluso intentará pasar de boca arriba a boca abajo y viceversa.      Puedes mantener lo propuesto en el mes anterior y seguir reforzando estas nuevas habilidades mediante los siguientes ejercicios:
a) Con el niño boca arriba, pon fuera de su alcance un juguete y anímale a cogerlo dando la vuelta, llegando a quedarse de lado. (Cuida que el brazo del lado hacia el que quieras que gire el cuerpo esté colocado correctamente, ya sea extendido hacia arriba o hacia abajo a lo largo del cuerpo).
b) Estando de lado llámale la atención con objetos para que se gire quedándose boca arriba o boca abajo. Ve cambiando de boca arriba a boca abajo y también el lado sobre el que se apoya. Al final de este mes puede que empiece a hacerlo pasando de boca arriba a boca abajo directamente, sin necesidad de empezar de lado.
c) Estando el niño boca abajo, háblale y  enséñale objetos para que los intente tocar. El niño puede que intente extender un brazo hacia el objeto, cargando el peso en el contrario, mientras le llamamos la atención.
d) Con el niño acostado boca arriba, tira suavemente de sus brazos para llevarlo a la posición de sentado. Durante el quinto mes y poco a poco, puedes ir disminuyendo la ayuda en función de la capacidad del niño para incorporarse. Puedes empezar a ayudarle a mantenerse sentado encima del adulto, sujeto con cojines o almohadones…
           
·        El bebé de 5 a 6 meses
            Continúa estimulándolo para levantar y girar la cabeza con firmeza, patalear alternativamente, girar boca arriba y boca abajo, mantenerse sentado cada vez con menos ayuda… y también:
a) Ayúdale a mantenerse sentado con las piernas separadas y las manos apoyadas entre las piernas para que aprenda a sujetarse.
b) Puedes ponerlo sentado apoyado en un respaldo un poco inclinado hacia atrás y enseñarle juguetes par que se enderece y se adelante un poco consiguiendo una posición erguida.
c) Puedes ponerlo sentado para bañarlo o vestirle pero siempre dándole sujeción en la cintura y procurando que la posición sea erguida. Es preferible que el niño permanezca durante cortos tiempos sentado de forma correcta durante varias ocasiones al día, que largos tiempos en los que se canse y adopte malas posiciones.

            Estos ejercicios son tan solo una pequeña muestra de actividades que puedes hacer para ayudar  a tu bebé a desarrollar su movilidad. Anímate y juega con él. Ayúdale a descubrir y relacionarse con este nuevo mundo de experiencias en el que se encuentra. Recuerda que cada niño tiene su ritmo de aprendizaje y hay que respetarlo. Ante cualquier duda o problema acude a tu pediatra.




LA DISFEMIA INFANTIL



Balbina Moreno Sánchez
Logopeda – CDIAT AVANZA (APCOM)

Dentro de los trastornos del lenguaje uno de los más frecuentes es la disfemia y se define de la siguiente forma: “La disfemia es un trastorno del habla caracterizado por la repetición o prolongación frecuente de sonidos, sílabas o palabras, o por numerosas vacilaciones o pausas que interrumpen el flujo rítmico del habla, que deben ser clasificados como patológicos cuando su gravedad afecta a la fluidez del lenguaje de modo importante” (CIE-10 de la OMS, 1996).
El término “tartamudo” ha pasado a un segundo plano recomendando el empleo de la palabra disfemia o expresiones como “niño con disfluencias” o “niño que tartamudea”.

Existen diversas teorías que justifican la disfemia (genéticas, biológicas, psicolingüísticas,…), pero más que buscar causas debemos hablar de posibles factores de riesgo y prevalencia, los más destacables son:
·   El sexo: hay una mayor prevalencia en varones que en mujeres.
·   Antecedentes familiares: existencia de historia familiar de disfemia o antecedentes de problemas de lenguaje en la familia. Está confirmada la prevalencia de la herencia por línea paterna.
·   Persistencia de disfluencias “normales” pasados 12 meses o más.
·   Aparición de dificultades en el habla o en el desarrollo del lenguaje, paralelas a las disfluencias.
·   Los factores ambientales (estilo de habla de los padres, patrones de interacción familiar, reacción de la familia ante las disfluencias,…) contribuyen al agravamiento o recuperación del problema.

La disfemia se puede clasificar de acuerdo a diversos criterios, pero nosotros nos centraremos en aquellos que se basa en su evolución. Encontramos 3 tipos:
·   Disfemia primaria o evolutiva: aparece durante el proceso de adquisición del lenguaje, abarcando el intervalo de edad comprendido entre los 2 años y los 3/4 años. Los síntomas principales son:
-       Repeticiones cortas y sin esfuerzo.
-       Prolongaciones inconscientes.
-       Gusto por la comunicación.
·   Disfemia episódica, límite o secundaria: aparece en torno a los 3-5 años. Los síntomas a tener en cuenta son:
-       Repeticiones rápidas e irregulares y bloqueos.
-       Alargamiento de las prolongaciones.
-       Conciencia esporádica del problema.
-       Se inicia la tensión muscular.
-       Sigue el gusto por la comunicación.
·   Disfemia secundaria: hablamos de ella cuando los síntomas se mantienen pasados los 5/6 años de edad, agudizándose y cronificándose. Las características principales son:
-       Presencia de tensión muscular y movimientos asociados.
-       Repeticiones más rápidas y bloqueos más frecuentes.
-       Concienciación total del problema por parte del niño.
-       Presencia de conductas de escape, esfuerzo,….
-       Evitación de personas, situaciones, palabras,…
-       Aparición de sentimientos negativos: miedo, vergüenza o frustración.

¿Cómo y cuándo es necesaria la intervención directa?

Existen múltiples opiniones acerca del momento y la forma idónea de intervención, pero todas ellas coinciden en la importancia de la detección precoz, así como la intervención precoz centrada en la familia. Esta consiste en una modificación directa del ambiente familiar que influya sobre el niño sin ser éste el receptor directo del tratamiento. Las orientaciones más sencillas a seguir por las familias tras la aparición de los primeros síntomas son:

  • Ignorar las disfluencias, no mostrando reacciones verbales ni corporales.
  • No corregir su forma de hablar, no hacer repetir, ni emplear frases implícitas del tipo “no te oigo”, “habla más despacio”, “no te pongas nervioso”.
  • No “ayudar” al niño a finalizar sus palabras o frases.
  • No es conveniente felicitar al niño cuando hable con fluidez ya que de esa forma contribuimos a la concienciación del problema por parte del niño.
  • Ver que situaciones favorecen o inhiben la disfemia, aprendiendo a identificar que situaciones favorecen y que otras se deben extinguir.
  • Reducir la excitación hablándole de forma calmada, sin gritar, reduciendo la prisa,…
  • Reducir el número de preguntas directas y abiertas.
  • No exigir que hable en público.
  • Prestarle atención de forma activa, mostrando interés por su conversión.
  • Evitar la corrección de la pronunciación y la gramática.



AYUDEMOS A LOS NIÑOS A AFRONTAR EL MIEDO.



Mª José Lozano Bernal.
Psicóloga.
CDIAT Avanza

El miedo es un sentimiento normal en los niños que suele aparecer entre los dos y los seis años, en muchas ocasiones se trata una conducta de adaptación, porque todavía no entienden el mundo que les rodea e incluso a veces no son capaces de separar la realidad de lo imaginario.

Hay miedos o temores que pueden ser perjudiciales porque  paralizan y no se es capaz de reaccionar, sin embargo otros evitan peligros o daños físicos, por ejemplo: el miedo a montar en una bicicleta demasiado alta, el  miedo a los animales, el miedo a meterse en el mar…son miedos que enseñan a los niños a ser precavidos y a aprender que hay situaciones que precisan que se actúe con prudencia.

            En los niños el miedo aparece y desaparece, va y viene, sin apreciar los adultos que ha sucedido con ello, cambia a medida que van creciendo. Los niños empiezan a  temer a las personas extrañas, a la oscuridad, a estar solos,  a artilugios raros, y más tarde aparece el miedo a los monstruos, a los ladrones, a la muerte…Muchos de ellos son inducidos por el ambiente en el que se desenvuelve el niño, las películas de terror, los cuentos oscuros, las historias oídas de  los mayores (no entendidas en su mayor parte), y otros son originados en experiencias negativas dentro o fuera de casa, a veces incluso  estos miedos pueden ser el signo de alarma para los padres de que se está produciendo alguna situación de maltrato o abuso del hijo.

            No se puede evitar que un niño sienta miedo, pero sí es controlable ¿cómo? pues contando con la escucha, la seguridad, la confianza y el apoyo de sus padres o cuidadores.

            Para ello pueden tener  algunos de los siguientes consejos en consideración ya  que ayudaran a los niños a superar el miedo junto a sus padres.

-        No asustar al niño con historias oscuras de fantasmas, ogros, brujas, etc. Sobretodo antes de ir a la cama. Hay que informar al niño de que estos personajes solo existen en los cuentos y en las películas.
-        No menospreciar los temores que un niño expresa. Si el niño advierte que se ridiculiza o se burlan de su miedo, su confianza disminuye. Comentarios como: “eso no tiene importancia, no seas tonto, no te da vergüenza,  los niños como tu no deben tener miedo de esas cosas…”, no disminuyen el temor que siente, por el contrario se desanimará a compartir sus temores porque no se sentirá comprendido.
-        Intentar no transmitir más miedo al niño del que ya tiene. Él precisa seguridad, no ignorar sus miedos, no mentirle diciéndole por ejemplo que una inyección no le dolerá. Si se le miente sobre  una situación de miedo, esta le producirá más temor. La labor de los padres es ayudarle a afrontar la situación  con verdad y honestidad. Si manifiesta miedo a ir al médico, oiga sus razones y acompáñelo hablándole sobre lo que va a ocurrir realmente.
-        No obligar al niño a pasar por situaciones que él teme. Hay miedos que no se superan de una vez por todas. En lugar de ayudar, se intensifica el  temor. El niño tiene derecho a acostumbrarse poco a poco a la situación temida, por ejemplo no obligarlo a tocar un animal que le da miedo…
-    No transmita sus propios temores personales. La forma en que los padres afrontan sus propios miedos le dan al niño el patrón a imitar en situaciones parecidas.
-    No llamarlo  cobarde o infantil si se muestra temeroso ante cualquier situación. No ridiculizar su miedo, esto no le ayudará en absoluto, al contrario le hará sentirse inseguro, incomprendido y necesitado de cariño.
-          No obligarlo a afrontar el miedo en solitario. Es un tremendo error. Nunca obligar a un niño a entrar a oscuras a una estancia si no quiere hacerlo, con ello solo se provocará un aumento de la ansiedad y se alargará el miedo en el tiempo e incluso se puede llegar a perpetuar. Además, el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no le permitirá sentirse a gusto consigo mismo.
-    No darle excesiva importancia. Si cada vez que llega la situación temida siempre se está protegiendo al niño, este no será capaz de superar el miedo, solo debemos darle seguridad en que él mismo poco a poco irá superando el temor.
-          Por supuesto, no ignorar los miedos del niño. Si se ignoran, el niño se sentirá perdido y solo, no sabrá como enfrentarse, y percibirá desinterés, falta de cariño, de comprensión y de atención.

LOS HERMANOS DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD



ANTONIA ABELLÁN PÉREZ
LICENCIADA PEDAGOGÍA
CDIAT AVANZA (ASOCIACIÓN APCOM)

Generalmente los mayores apoyos de las personas con discapacidad los encontramos en las familias y son principalmente los hermanos los que están ocupando cada vez más la atención de las familias y los profesionales.
La mayoría de las veces, las familias consideran que los hermanos tienen más recursos para afrentar las vicisitudes-situaciones de la vida que se les presentan, sin embargo también ellos necesitan el apoyo de todos.
Los hermanos de niños con necesidades educativas especiales son una población única que comparten muchos sentimientos, experiencias, preocupaciones, alegrías…
Los profesionales del campo de la rehabilitación contribuyen a este cuidado poniéndolo en el centro de la escena de la trama familiar ya que los hermanos quedan al margen de las visitas a los centros y cuando contamos con ellos es una función de la ayuda que puedan prestar al niño/a discapacitado desde su rol de hermano/a. Tienen menos oportunidades de contacto con profesionales y de compartir con pares que atraviesan experiencias parecidas quedando en una situación de aislamiento y desamparo.
  
Desde el nacimiento los hermanos/as desempeñan roles importantes en el desarrollo mutuo, pasan mucho tiempo juntos de manera que desarrollan emociones intensas y desinhibidas (amor, odio, afecto, resentimiento), son una fuente de compañía mutua. “Los hermanos necesitan un permiso para no negar estos sentimientos, ni suprimirlos sino para expresarlos, compartirlos, comprenderlos y manejarlos”.
Cuando pensamos en los hermanos de niños con discapacidad debemos tener en cuenta que sus preocupaciones y necesidades son universales ya que no importa la discapacidad de su hermano, comparten experiencias similares y tienen las mismas necesidades, tienden a enfatizar los mismos sentimientos y emociones. Se presentan sentimientos y preocupaciones comunes, entre otras señalaremos por su importancia:

·         Exceso de identificación: se preguntan si comparten o no la discapacidad
·         Culpabilidad: se sienten culpables por sus habilidades
·         Sentimientos de aislamiento, soledad y pérdida: que se agudizan en situaciones de stress que vive la familia
·         Mayores responsabilidades, una creciente presión a superar que en ocasiones viene impuesta por los padres y en otras son los propios niños los que tienen esa necesidad de superarse.
·         Vergüenza: un hermano con discapacidad puede ser un motivo de incomodidad para los hermanos/as de desarrollo normal. Los hermanos pueden experimentar vergüenza cuando se les pregunta acerca de las necesidades especiales del hermano/a, aunque esta tiende a ser pasajera.
·  Resentimiento: aparece cuando un niño/a percibe que su hermano/a con necesidades recibe un mayor apoyo emocional, se les sobreprotege, se les permite conductas que son inaceptables en otros miembros de la familia.

El poder reconocer estos sentimientos y emociones y poder comunicarlos siempre es beneficioso para poder hacerles frente ya sea en la familia o con pares iguales, ya que se ha observado que los hermanos de niños con discapacidad adquieren antes una mayor responsabilidad y madurez que sus iguales debido a las experiencias que han vivido,  tienen mayor autoconfianza, son más tolerantes, defienden a sus hermanos, son capaces de mostrar mayor empatía. Estos sentimientos se pueden mejorar ayudando al hermano a crecer de manera que le demos una información apropiada a la edad, dándole la oportunidad de reunirse con otros hermanos/as de niños con necesidades educativas especiales, estimular la buena comunicación con niños de desarrollo típico, así también reseñaremos que la buena comunicación entre padres e hijos es importante, de modo que los padres dediquen un tiempo especial para que sepan que “están ahí” también para ellos.
Cada hermano es único y singular y su respuesta a la situación está influida por múltiples factores que actúan en complejas interacciones (tipo y grado de discapacidad, intervalo de edad entre los hermanos, nº de hijos de la familia, forma de respuesta de la familia a la situación que le tocó vivir…).

Por todo lo expuesto anteriormente a grandes pinceladas en recomendable generar espacios para el intercambio familiar, que los adultos estén atentos a las inquietudes transmitidas por los hermanos; tener en cuenta la importancia de dedicación exclusiva a cada hermano, planificar el futuro entre todos; cuidar del espacio de cada integrante de la familia, de modo que el niño/a con discapacidad no absorba  toda la energía familiar; informarse, formarse y saber pedir ayuda son alguno consejos que las familias deberían tener en cuenta.


La carta de una hermana (Buenos Aires, 22 de octubre de 1996)
¿Cómo empezó todo?
Con la alegría de recibir en la casa una nueva hermanita, para mí, la más linda del mundo.
Tenía seis años y éramos cuatro. Cuando mamá y papá me dijeron “es diferente”, no entendí lo que eso significaba.
Días después, por boca de otros, escuché la palabra “Síndrome de Down”; i bien tampoco conocía mucho acerca de ello, supe que era grave. Fue agresivo saberlo de esa manera e inmediatamente cerré mis puertas a todos, menos a Inés.
Entonces me hice cargo de su supuesto sufrimiento y decidí protegerla de “la gente y del mundo amenazante”.
Me dio mucho miedo que pudiera morirse pero “los viejos” me explicaron mejor la situación: le costaría aprender ciertas cosas, lo haría más lentamente que otros chicos.
Al principio quise ser como ella, me miraba en el espejo, me achinaba los ojos, y así yo también tenía Síndrome de Down. S             ería más fácil estar cerca o mejor aún, “dentro de ella”. La absorbí y caminé delante de su paso, cubriendo cada pozo que aparecía como dificultad.
Adopté una posición defensiva, todos eran enemigo, tanto de Inés como míos, y yo… su salvadora.
La sentía incapaz de sobrellevar frustraciones, de ser feliz con su destino.
Dejé de lado mis cosas para acompañarla. La dependencia crecía y nuestra relación se limitaba a un cuidado excesivo de parte  de las dos. Ninguna lograba ser ella misma. La otra lo impedía.
Esto sucedió durante muchos años. Hasta que sentí la necesidad de conocer verdaderamente a  mi hermana y que ella misma me mostrara sus necesidades.
Inés también deseaba y desea diferenciarse y ser independiente.
Con el tiempo fui aprendiendo varias cosas:
Inés está buscando ser feliz (como todo el mundo).
Inés es sencilla y no se cuestiona la complejidad de las cosas.
Es generosa, siempre piensa en los otros, es humilde.
Y, poco a poco, pusimos distancia, esa distancia que acerca y enriquece.
Cada una está intentando tener su vida.

Lucía1

1Los hermanos de personas con discapacidad una asignatura pendiente. Blanca Núñez/Luis Rodríguez. Fundación Telefónica. Asociación Amar 


¡QUIERO HABLAR…! PAPÁ Y MAMÁ TE PUEDEN AYUDAR


Teresa Guirao Pujante
Lic. Pedagogía – Logopeda
CDIAT “AVANZA” 

Los niños de 3 años poseen una serie de habilidades metalingüísticas (conciencia fonológica, sintáctica y semántica) que coinciden con el desarrollo general del lenguaje y con ciertas habilidades específicas esenciales en la adquisición e introducción al mundo cultural que les rodea.
A los niños, cuando atribuimos significado a un comportamiento que han tenido, les estamos estimulando para que intenten comunicarse con nosotros. Imitan de los adultos expresiones, que en un principio son en forma de sílabas o terminaciones; posteriormente repetidas y reforzadas por el adulto,  su pronunciación irá siendo más exacta.

            Hay distintos órganos que entran en juego a la hora de que los niños imiten diferentes sonidos:
-                          Aparato respiratorio (pulmones, bronquios, tráquea).
-                          Aparato fonador (cuerdas vocales, glotis).
-                          Órganos supraglóticos (cavidad bucal o nasal)

No existiendo ninguna otra problemática o defecto en cualquiera de estos órganos, un/a niño/a podría emitir los diferentes fonemas (sonidos de las vocales y consonantes), según adquiere su desarrollo.

Resulta difícil establecer un orden generalizable en la adquisición de los fonemas, ya que los diferentes autores no coinciden en el mismo. Una aproximación, recopilando diversas teorías y siguiendo el punto de articulación, podría ser la siguiente:
-       Bilabiales /p/-/b/-/m/
-       Dentales /t/-/d/
-       Interdentales y labiodentales /z/-/f/
-       Alveolares /s/-/l/-/n/-/r/
-       Palatales /ch/-/ñ/-/ll/-/y/
-       Velares /j/-/g/-/k/
-       El fonema vibrante como la /rr/ normalmente es el último en aparecer, así como los sinfones e inversas.

Si a lo largo del desarrollo de sus hijos ustedes observan que los diferentes sonidos explicados no van apareciendo, pueden poner en práctica algunas de las orientaciones que a continuación les exponemos:

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AYUDARLES?

            Entre los 15-24 meses, ya deben emitir 4 o 5 palabras, comprender y ejecutar órdenes sencillas, realizar alguna frasecilla muy simple, reconocer y nombrar 3-4 figuras y referirse así mismos por su nombre.
Si observan que no lo hacen, ustedes pueden:
-          Jugar a soplar velitas, bolitas de papel. Apláudanle si lo hace.
-          Cuando desee algo, por ejemplo una galleta, la pedirá por medio de gestos. Enséñenle a acompañarlos con algún sonido. Si lo hace alábenlo mientras repiten ustedes correctamente la palabra que quiere decir.
-          Si están escuchando música, pásenle algún objeto con el que puedan golpear siguiendo el ritmo. Además pueden entusiasmarlo para que cante al compás de la misma.
-          Cuando salgan de paseo nómbrenle cosas que le llamen la atención.
-          Muéstrenle objetos conocidos. Pídanle que señale uno de ellos diciendo: “¿dónde está la taza?” Alejen un poco el objeto y pídanselo nuevamente hasta que vaya a buscarlo y se lo traiga.
-          Siempre que le hablen, háganlo con un lenguaje claro, sencillo y expresivo.
-          Si se expresa con la última sílaba de las palabras, no repita lo que dice, sino el nombre completo de lo que dice.
-          Pregunten al niño/a varias veces al día: ¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu nombre? Si no lo dice, pronúncienlo en forma clara y pausada.
-          Díganle pequeños versos o canciones para que vaya aprendiéndolos, mientras los acompañan con movimientos corporales.
-          Ayúdenle a que use expresiones tales como “eh!” y “no!” con sentido.
-          Mientras juegan pueden hacer sonidos onomatopéyicos de animales, como por ejemplo el perro dice “guau, guau”…
-          Enséñenle fotos de la familia para que los nombre y reconozca.
-          Vean libros en los que aparecen figuras y objetos grandes, simples y de colores llamativos.
-          Cuando estén en el momento del baño, toquen y nombren las distintas partes de su cuerpo; así irá conociendo su cuerpo y el de los demás.
-          Cuando le pase algo, por ejemplo: “se le rompe un juguete” traten de que le cuente lo sucedido a su manera, para que vaya narrando sus experiencias.

            Entre los 24-36 meses sus hijos ya deben poseer un vocabulario más amplio; formular frases de 2-3 palabras y realizan preguntas utilizando el pronombre correcto. Si observan que no lo hacen:
-          Cuando utilice su nombre para referirse a sí mismo/a, repitan lo que dice señalando en su pecho y diciendo “yo”.
-          Jueguen a realizar acciones como correr, saltar, empujar objetos… y pregúntenle ¿Qué hacemos?... para que nombre la acción que está realizando.
-          Muchas veces al día preguntará ¿Qué es eso? (ante cosas que no conoce), sean comprensivos y contesten la pregunta, para evitar que pierda el interés.
-          Disfruten escuchando y tarareando canciones simples que ponen en la radio y TV.
-          Si habla solo mientras juega, no lo interrumpan.
-          Si pronuncia mal una palabra, repítansela varias veces para que pueda ir incorporándola a su vocabulario correctamente.



DESARROLLO DE LA LATERALIDAD EN LA ETAPA INFANTIL



Antonia Abellán Pérez
Licenciada en Pedagogía
C.D.I.A.T. AVANZA

La lateralidad es una función de alta complejidad que hace posible que nos orientemos en el espacio y en el tiempo, y, por tanto, nos permite entender y manejar los códigos escritos (letras y números), característicos de nuestra cultura. Al hablar de lateralidad, nos ceñiremos al periodo comprendido entre los 4 y los 12 años de edad. Tenemos que tener en cuenta la importancia de la etapa prelateral.
Hasta los 4 ó 5 años no tiene demasiada importancia conocer donde están la derecha y la izquierda ni poseer una dominancia corporal. El niño busca o persigue la pelota, sin importarle si el lado por el que le va a venir se llama derecho o izquierdo.
En cambio, cuando se inicia el aprendizaje de la lectura y la escritura es importante poseer unas coordenadas bien organizadas para orientar los símbolos cuyo significado depende de la forma que tienen y del lugar que ocupan en el espacio y en el tiempo (letras y números).
  
El ser una persona diestra o zurda depende de dos factores: la herencia y el adiestramiento (experiencia). En ningún caso, el ser zurdo debe considerarse un defecto o una manía que hay que corregir.
La lateralidad sigue un proceso que pasa por tres fases:

§         Fase de identificación: entre los 0 y 2 años aparecen periodos de uso de las manos.
§         Fase de alternancia: hacia los 4 años la mano dominante se utiliza con más frecuencia.
§         Fase de automatización: hacia los 6-7 años puede desarrollarse un periodo de transición en la que el niño utiliza la mano no dominante o ambas manos.

¿CÓMO SE DETECTA LA LATERALIDAD DIESTRA O ZURDA DE UN NIÑO?

A la hora de valorar la dominancia lateral del niño lo podemos hacer de dos formas (tendremos en cuenta como edad de referencia los 4 – 5 años). Una forma es dedicarnos a observar de forma continua el comportamiento motriz del niño en su casa o en el aula (se trata de hacer una valoración diaria de la conducta espontánea del niño), la otra forma es la exploración directa, realizada en el aula o en un gabinete de diagnóstico (se trata de colocar al niño ante distintas situaciones de prueba para que nos muestre cómo se organiza, se mueve, se expresa o coloca su cuerpo…).
  
SÍNTOMAS MÁS FRECUENTES PARA DETECTAR PROBLEMAS DE LATERALIDAD

Periodo preescolar

Es habitual encontrarnos con niños de 5 años que muestran una actitud de renuncia a su lateralidad y que utilizan con preferencia la mano del lado subdominante. Las causas son muy diversas: asimetrías funcionales no detectadas, falta de maduración de las etapas prelaterales, diversos condicionantes psicoafectivos familiares…
El cambio de dominancias debe seguir un orden y tendremos que desarrollar actividades dirigidas a potenciar la mano dominante.

Periodo de educación primaria

Cuando hacemos referencia a niños mayores, la situación exige un estudio personal y exhaustivo para diseñar una estrategia de cambio de dominancia manual exitosa. Los casos más frecuentes son los de niños zurdos contrariados. Los síntomas son:

  • Alteraciones de los procesos de integración y ordenación de la información, inversiones gráficas y concepción general del espacio y las dificultades para organizarse en un espacio y un tiempo.
  • Las actitudes de inseguridad, inestabilidad, falta de decisión, dualidad, temores exacerbados.
  • Problemas importantes psicomotrices o vegetativos.

Todos los síntomas de una lateralidad contrariada que podemos encontrar durante el periodo de la Educación Primaria derivan de una bilateralidad no resuelta. El niño mal lateralizado se comportará como un ambidiestro y presentará una falta de definición con respecto a las coordenadas básicas (se hace evidente en los primeros cursos).

Cuando se presenten algunos signos que obedezcan a trastornos laterales debemos dirigir la observación diaria en el aula, hay que evitar los errores de interpretación que podrían tener consecuencias nefastas para el niño. Si existe una lateralidad contrariada hay que actuar convenientemente para desarrollar una buena lateralidad, sin dejar que el paso de tiempo siga complicando el cuadro y enmascarando, que no resolviendo, muchos signos.